Alguien esá en problemas: capítulo V

V

Creo que fue en ese momento que me empezó a chorrear la nariz. Cuando oí de cerca el barrido de una escoba. Estando esa mañana todavía en la mesa junto a Iván Resaac, él, algo preocupado, me notició que efectivamente era sangre lo que chorreaba, y no esa agüita transparente que en un principio creí y resté importancia convencido de estar ante un anuncio de congestión nasal.

– Este… – titubeó Iván Resaac – Me quedaría, pero tengo que irme… Seguramente es una nada… Una nadita, como quién dice… – dijo apresurado y en tono infantil. No obstante, en el nerviosismo que proyectaban sus ojos, se resolvía un escape. En tanto, la sangre que me seguía chorreando, y que ahora tomaba participación en mi camisa, obligó a que vaciara un servilletero. –

– Vaya, vaya nomás… – alcancé a decirle a Iván Resaac con cierta torpeza, mientras por mi parte, intentaba con mis manos infructuosamente frenar la hemorragia. Luego, tras un difuso alce de vista, noté lo precipitado de su paso al trasponer la puerta y ganar la calle.

Recuerdo con cuánta desesperación me levanté y luego me dirigí al baño, algo de mi desplome a mitad de camino. Nada del desmayo.

Pero sí un vago y borroso diálogo que retuve después, poco antes de que recuperara la conciencia…

María, María… ¡Por favor! Haceme la gauchada con este hombre…

No me la seques, papá. Ya bastante con que te ayudé a cargarlo hasta acá… No se lo merece… Éste seguro es amigo del panzón que hace años que viene, y que cuando era chica me trataba como si fuera su sirvienta; ¿o te olvidás las que me hizo? Los acabo de ver juntos en la misma mesa, cuando me puse a barrer… Te firmo que este tampoco vale ni aca…

Se ve que desde las semanas que hace que llegaste, no sólo viniste con la montaña en los ojos… Hija… ¡Te lo pido por favor! ¡Dios de mi vida! …María… Seguilo ayudando a tu papá y preparale un té de esos que aprendiste a hacer allá…  Mi hijita linda… Ahora también india y todo…

Está bien. Pero sólo por el amor que te tengo. Y por mamá…

María, te repito, este señor no es amigo de Iván. Lo sé de veras. Es otra clase de persona, en serio. Y entendeme a mí también, porque este negocio es lo que nos da de comer… Es un cliente, hija…


 

Novela escrita por Rienzi Leonardo Curotto, ilustrada por Magdalena Uncal Basso

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La variante Delta circuló por San Andrés de Giles

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