Memoria fotográfica de un pasado que es presente

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Marcelo Marano, excombatiente de Malvinas y fotógrafo de profesión, recibe a Infociudad para hacer un repaso y revivir juntos las vivencias pasadas y presentes que lo unen a las Islas. Porque, como él señala, “cuando vuelve uno, volvemos todos”.

Recién regresaste de una nueva experiencia en las Islas Malvinas. Esta vez un tanto atípica ya que quedaste varado algunos días. Además de este episodio, ¿qué podés contarnos de tu última estadía allá?

Esta es la quinta vez que vuelvo a Malvinas después del 82. Participo en una maratón de 42 km. Es la más austral que se realiza. Llegamos un sábado y el domingo corremos. Después nos quedamos generalmente hasta el otro sábado para visitar los lugares de combate e ir al cementerio para rendir homenaje a los que quedaron allá, que es lo más importante. Se crea una atmósfera muy especial que dura una semana. En este caso, hubo problemas climáticos al principio y luego inconvenientes de una naturaleza desconocida que demoraron el regreso. Por este motivo, se duplicó la duración del viaje.

En relación a la organización de maratones en las Islas, ¿cuál es el objetivo, más allá del hecho deportivo? ¿Qué significa para vos participar en este tipo de eventos y que también en 2015 haya corrido tu hija menor Delfina?
El correr la maratón es una excusa para regresar. Lo más importante es estar. Creo que cuando vuelve uno, volvemos todos. Lo que moviliza son los que quedaron allá. Es lo que más nos duele a todos los que participamos en la guerra. Creo que al volver buscamos liberar un poco la culpa de por qué yo sí estoy y ellos no. Se sufre en silencio. Lo que nos mueve es llevar un poco de alivio. Decir acá estamos y seguimos estando.
Tuve la suerte de que viajen mis dos hijas. Primero, en 2014 Luisina sola. Después, Delfina en 2015 participó en la categoría infantil de la maratón. Fue una linda experiencia. Este año mi hija menor me pidió volver, pero es muy difícil porque el viaje implica un costo muy grande. Más adelante espero que se concrete.

En 2014, cuando tu hija Luisina fue a visitar las Islas, escribiste estas palabras: “En estos momentos mi hija está en Malvinas. Desde acá siento algo parecido a lo que sentían mis viejos hace 32 años. Orgullo de que un hijo pise nuestras tierras y se encuentre con mis hermanos.” Además de este orgullo, ¿qué moviliza en vos el hecho de que tus hijas hayan elegido recorrer las Islas?
Nuestra presencia es lo que hace a la pertenencia de las Islas. Si mis hijos pueden ir, el lugar va a ser suyo por el tiempo que estén allá. Cuantos más vayamos, más nuestras van a ser las Malvinas. Cada visita de parte de nosotros siempre conlleva algo especial. Te encontrás con veteranos camaradas, o con veteranos ingleses que también tienen su dolor. Creo que terminó la guerra y somos todos seres humanos. Ahora el mensaje es el mismo para con el mundo: paz. A su vez, no dejo de lado las convicciones de justicia con respecto a la soberanía y pertenencia de las Islas. Son cosas que van paralelamente, que nunca se pierden.

Acerca de las últimas placas colocadas en la Plaza Saraví, provenientes de familiares de Menéndez y oficiales retirados de las Fuerzas Armadas, ¿qué opinión tenés?
Es muy difícil disociar la dictadura de lo que fue Malvinas. El período iniciado en el 76 fue una época que no tendría que haber existido en nuestro país.
En el caso de la colocación de las placas, puedo acotar que tengo uno de los mejores conceptos de la familia Menéndez. El exgobernador fue una persona que se abrió con el pueblo, que dio conferencias, que puso el pecho como para que se hagan preguntas en más de una oportunidad. Eso es favorable viniendo de alguien que ocupaba una posición estratégica en las Islas. Conocer la verdad por los propios protagonistas es lo bueno de todo esto. Ojalá hubiéramos tenido la suerte de que vengan Galtieri y todos los incriminados que decidieron que la guerra siguiera su curso. De pronto veo que hay gente que habla más y conoce más que los propios soldados. Y esos son opinólogos que no suman a la causa. Es una lástima que todavía no se aproveche las historias de cada uno, en primera persona, como para sacar una buena conclusión de lo que fue la guerra.

Después de haber ido en cinco oportunidades a las Malvinas, posteriormente a la guerra, ¿qué panorama te llevás grabado del lugar y de sus habitantes actuales?
El sufrimiento más grande que uno tiene cuando va a las Islas es ver que están colando el mar. Barcos de diversos lugares del mundo, que llevan hasta 50 toneladas de calamar todos los días, sacan recursos de ese lugar que nos pertenece. Hay mucho petróleo, aunque es muy difícil extraerlo. Lo que más preocupa es que la mayor reserva de agua dulce está en la Antártida. Las próximas guerras no van a ser por petróleo, sino que van a ser por el agua. Malvinas es el punto estratégico más importante de los recursos vírgenes que tiene el mundo. Lo ideal sería que ese sector fuera una reserva que beneficiara a todos en un futuro. Más pasa el tiempo, más difícil resulta, pero lo ideal es que se empiece a dialogar en cuanto a los destinos de todo lo que existe ahí.
Respecto a los Kelpers, ellos son menos de 3000. No se los suele ver mucho. Mis hijas se han vinculado de una buena forma con chicos de allá cuando viajaron, pero ellos son chicos. Los grandes quizás tienen más recelo. Aunque una vez que ya sos conocido, al volver, te invitan a conversar.

Si tuvieras que resumir las anécdotas y los aprendizajes que más te marcaron entorno a tu experiencia como excombatiente, y que trasladás a tu vida actual y a la de quienes te rodean, ¿cuáles serían?
Hay que estar dentro de la guerra para saber lo que es. Es el acto del ser humano más contrario a la naturaleza de las personas. Y sin embargo, si tuviera que volver a Malvinas en las mismas circunstancias que el 82, volvería. Vos fijate qué incongruencia un pensamiento con el otro. La vida es muy efímera. Lo único que queda es creer, tener una convicción sana de nuestro paso por este mundo.
Malvinas nos enseñó a cuidar a los que estaban al lado nuestro. El de al lado atendía al de al lado y todos nos protegíamos entre sí. Lo mejor que nos dejó Malvinas es eso. Al trasladar esto a nuestra vida cotidiana, nos queda que siempre cuidamos a los que están a nuestro alrededor.

Un abrazo cálido y ojos humedecidos dibujan el cierre de la charla. Para acabar de ilustrar la escena, adecuadas son estas palabras que Marcelo escribió para su hija Luisina, antes de que ella conociera las Islas: “Seguramente respirarás ese oxígeno que sólo allá se respira y verás las estrellas mucho más cerca, sentirás el viento y mucho más, mucho más. Seguramente también se te escaparán lágrimas. Que nadie te consuele, vale la pena llorarlas. Y acordate siempre que cuando vuelve uno, volvemos todos.”
Hoy, gracias a Marcelo, volvimos todos.

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