La historia del presidente asesinado en Giles

La calma del campo solo era interrumpida por el ruido del Arroyo de Giles y el cantar de algunos grillos. La madrugada del dos de junio de 1976, una luna gigante iluminaba el llamado Puente de Fierro, aquel que permite continuar el camino hasta la Posta de Figueroa.

Sorpresivamente, el silencio es reemplazado por un rugido: dos Fords Falcon verdes estacionan sobre el puente, y bajan cinco hombres. Cuatro de ellos van armados, y uno está esposado y con los ojos vendados.

Los individuos descienden por la barranca, mientras intentan atravesar los pastizales que llegan a cubrirles la cintura. Al llegar a la costa del arroyo, se dirigen hacia la base del puente. Uno de los hombres, pone al esposado contra la pared. Luego del rugido de los autos utilizados por este grupo de tareas, el campo había vuelto a su habitual silencio. Sin embargo, esto no duró mucho: tres disparos irrumpen en la noche, y Juan José Torres, ex presidente de Bolivia, cae muerto sobre el agua.

Los antecedentes

Torres nació el cinco de marzo de 1920 en Cochabamba. Al igual que su padre, al terminar los estudios secundarios, ingresa a la Escuela de Oficiales del Ejército. Allí empezaría una carrera militar ascendente, que lo transformaría primero en ministro de Trabajo, después en Jefe de Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas bolivianas, y finalmente en Comandante en Jefe.

En 1970, participó de un levantamiento popular junto a campesinos, estudiantes universitarios, militares y trabajadores, con el fin de evitar un golpe de Estado contra el presidente Alfredo Ovando Candía, a quien luego reemplazaría por pedido de la masa revolucionaria.

La asunción como jefe de Estado le permitió desarrollar un programa político netamente progresista, inspirado en experiencias como las de Salvador Allende en Chile, o Juan Domingo Perón en Argentina: aumentó el presupuesto del sistema educativo, nacionalizó minas, realizó una reforma agraria y aumentó el salario de los trabajadores.

La llegada del Plan Cóndor

Al tomar las mismas medidas que tomaron los otros líderes progresistas, se hizo de los mismos enemigos. Los sectores conservadores y la oligarquía, empezaron a ver en Torres un objetivo a eliminar. Estados Unidos había llegado a la misma conclusión. Fue así que empezaron a conspirar, y finalmente el 21 de agosto de 1971, Juan José Torres fue derrocado del gobierno.

El secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, logró en pocos años derrocar a todos los presidentes progresistas de la región a través del Plan Cóndor. La década del 70 fue la década del aniquilamiento de los sistemas democráticos latinoamericanos, a través de un programa orquestado desde la Casa Blanca.

Torres se exilió primero en Perú y después en Chile, para luego recalar en nuestro país. Hugo Banzer, nuevo presidente de facto de Bolivia, veía en el cochabambino un peligro para la continuidad de su gobierno. Esto llevó a que se pusiera en contacto con Jorge Rafael Videla y el agente de la CIA Michael Townley, para buscar una solución.

Entre los tres, sentenciaron el final del líder boliviano. La noche del primero de junio, Juan José Torres fue secuestrado por un grupo de tareas, que terminaría por asesinarlo la madrugada siguiente en el Puente de Fierro, con un tiro en la cabeza y dos en el cuello.

Hoy en día es recordado en nuestra ciudad por un cartel ubicado sobre el camino que conecta Azcuénaga con Solís, y por una placa conmemorativa instalada al lado del puente donde su vida fue arrebatada. Además, se ha transformado en material de estudio para el profesorado de Historia dictado en el Colegio Nacional, pero también para los alumnos de las escuelas secundarias. Sin ir más lejos, en 2019, alumnos de la Escuela N°1 produjeron un documental narrando la vida y el asesinato de Juan José Torres.

En Bolivia, hasta el día de hoy perdura su imagen como un ejemplo del progresismo político.

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