Brisa y el desafío de transformar el dolor en alegría

Cuando a Brisa le dijeron que estaba padeciendo un Linfoma de Hodgkin tenía 19 años. Durante el último tiempo, no había podido dormir a causa de un fuerte dolor estomacal y una fiebre altísima. La madrugada del 18 de noviembre, el malestar se recrudeció. El sol todavía no se había posado sobre los techos de Solís, cuando la joven sintió una puntada en la zona izquierda de la panza. Era como si una cuchilla la penetrara por abajo de las costillas una y otra vez. Automáticamente, la familia Echeverría salió por la Ruta 8, directo al Hospital Zerboni de San Antonio de Areco.

Al llegar, Brisa fue internada. Los médicos descubrieron que los ganglios estaban apretando el hígado, e iniciaron una serie de estudios, entre los que se incluía una biopsia. El resultado fue contundente: sufría de un cáncer en un segmento de su sistema linfático.

Después de escuchar el diagnóstico, la familia volvió a su hogar en silencio. Recién cuando llegaron a Solís, Brisa preguntó: “¿El doctor dijo ‘tumor’? ¿Quiere decir que tengo cáncer?“. La respuesta afirmativa de sus padres dio lugar a un llanto desconsolado.

La risa como remedio

A lo largo de los dos últimos años, la joven aprendió a combatir al dolor con alegría. No oculta el linfoma, lo muestra y se ríe de él. En diálogo con Infociudad, explica: “tengo un humor particular y siempre hago chistes sobre esto. Fue duro la primera vez, pero la llevo bien. Tengo una familia hermosa y amigas que me apoyan mucho, y eso hace más llevadera la situación“.

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Como un alquimista, transforma el dolor en alegría

Con respecto al rol de su círculo íntimo, expresa: “te diría que es 50 y 50. Yo pongo el cuerpo y ellos están atrás mío. Siempre digo que no sé si sería lo mismo sin ellos“. Y agrega: “cuando a la noche hablo conmigo misma, siempre me pregunto qué es lo que me hace seguir peleándola. Creo que mis padres, mí hermano y mis amigas me dan un empujón grande. También mis ganas de decir algún día ‘pude, le gane al cáncer‘. Soy joven y tengo muchas cosas en mente por hacer, y eso es lo que me propongo siempre. Tengo una frase que dice ‘soy la energía que quiero atraer‘ y es así, tal cual“.

En cuanto al día del alta médica, confiesa: “pienso muchísimo en eso, imagino cada detalle de ese día tan esperado“.

El tratamiento

Luego de ser diagnosticada, Brisa debió someterse a sesiones de quimioterapia, que significaban trasladarse hasta la Capital Federal y permanecer internada por cinco días.

Hace un mes fue autotransplantada de médula ósea. Es decir, atravesó un tratamiento mediante el cual, se le sustituyeron las células madre dañadas de la médula ósea, por otras células sanas. Esto llevó a que estuviera internada casi cuatro semanas. Recién en los últimos días pudo volver a retomar sus actividades.

Próximamente, tendrá que someterse a una tomografía para poder evaluar en qué estado se encuentra el linfoma, de manera que los médicos pueden saber cómo deben proceder.

El día a día

Lejos de excusarse con su cuadro clínico, Brisa trabaja a la par de su familia: “abrimos un emprendimiento hace poco en Giles, con todo lo que conlleva en momentos de pandemia, pero es un gran incentivo para todos y más en estos momentos de incertidumbre“.

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El local de los Echeverría está en la esquina de España y Quintana

Al momento de imaginar cómo será su realidad dentro de diez años, proyecta: “creo que ya estaría con un hijo y trabajando de algo que me guste. Todavía no lo encontré a esto último, pero me imagino ya realizada“.

Y en cuanto al día después al alta médica, promete: “voy a estar con una lata de cerveza en la mano, comiendo un asado de mí viejo con mi familia y haciendo chistes como siempre, sobre lo que tuvimos que pasar“.

 

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