Alguien esá en problemas: capítulo VI

VI

Al despertar me vi con que tenía muy cerca el rostro de una mujer. Recuerdo que lo que finalmente hizo que abriera los ojos, fue un intenso olor a sahumerio que identifiqué, provenía de su abundante y larga cabellera. Con el ir recobrando la conciencia, divisé además dos ojos negros intensos e implacables ordenando la geografía de un hermoso rostro de piel trigueña, tersa aunque algo ajada, seguramente por la constante acción de un sol que no era de acá.

– Señor… Señor… – le oí decir a don Daffy de lejos, algo asustado – ¿Está bien? Le vimos desplomarse en el suelo antes que llegara al baño… –

Dado que aún permanecía en estado de confusión, no pude emitir palabra. Momentos después, caí en la cuenta que me habían conducido a la cocina del bar. La mujer que todavía tenía delante no me miraba a los ojos, sino que parecía como estar buscando algo en mi cara; los pequeñísimos movimientos que hacía con la boca, casi imperceptibles, denunciaban un balbuceo en el que se adivinaba, profería algún tipo de rezo u oración.

– Le presento a mi hija María, María Daffy… – explicó don Daffy desde atrás, puesto tenía la mujer delante – No sé si la ha visto ya por aquí, yo creo que sí… Ha vuelto de nuevo a casa, hace unas semanas… –

De pronto vi cómo María se apartó mí yéndose a revolver un jarro de metal puesto al fuego en una de las hornallas.

– ¡A ver, hombre…! – soltó enérgica instantes después, despertándome a sacudidas, mientras me incitaba a que asiera una taza humeante que traía en las manos. – Tome esto, le hará bien… – cambiando el tono de voz – Beba… la Pacha sabe, la Pacha cuida…

– Ha venido de la montaña, mi hija querida… – pretextó don Daffy en tono avergonzado. Desconfiaba de las impresiones que su hija podría causarme –…Estuvo viviendo allá unos años… –

– Gracias, don Daffy. Y a usted también, María – solté aturdido pero más aliviado – Sinceramente les agradezco esta entrega a ambos. Noto de provecho este mínimo traslado…a prueba de curiosos…no hubiera preferido que me llevaran al hospital… –

– Vaya al médico pese a esto, ¿sabe? – me recomendó María con firmeza – Por lo demás, ya me lo encomendé a la Virgen del Valle, que es bien milagrera, a que haga no le suceda más esto de perder sangre del naso… – soltando cierto enfado fingido – ¡Mire cómo se ha hecho la camisa, hombre! –

-¡María! ¡Que ya es suficiente con el señor…! – sancionó con afecto don Daffy a su hija –


 

Novela escrita por Rienzi Leonardo Curotto, ilustrada por Magdalena Uncal Basso

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La variante Delta circuló por San Andrés de Giles

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