La cultura del animé pisa fuerte en Giles

El animé es un tipo de animación particular originado en Japón. Si bien su nacimiento se remonta a principios del siglo XX, lo cierto es que en los últimos años ha cobrado una gran relevancia, ubicándose como uno de los productos audiovisuales más consumidos en todo el mundo.

Mauro tiene 24 años y desde chico mira animé. Al momento de hablar de este tipo de animación, opina: “una de las cosas que más valoro es que viene de una cultura muy diferente. No vas a encontrar jamás en otro lugar lo que encontrás ahí“. Al igual que otros tantos niños y niñas nacidos en la década del ’90, creció consumiendo los programas de la cadena norteamericana Cartoon Network. Sin embargo, sólo le prestaba atención a “Toonami“, un bloque de la cadena en el que sólo se pasaban animaciones japonesas.

Yo no me daba cuenta que eso era animé, pero sí percibía que había como una diferencia en lo que eran las caricaturas de Estados Unidos con las japonesas: había un sentido, una conexión, había un historia con trasfondo, una trama mejor elaborada. Los capítulos eran más largos y tenían una conexión” explica. “Tenían muchos valores y una cierta profundidad, que por ahí no encontrás en otros formatos. Eso es algo característico del animé, sumado al hecho de que al tratarse de una animación, el mundo es infinito. Se pueden hacer cosas que con personas no, por eso también me gusta tanto“. 

En la misma línea, Alejo (23), confiesa: “a mí lo que me atrapa es que dentro del animé hay una perspectiva muy profunda, y eso no lo encuentro en otras cosas“. En relación a esta profundidad, señala: “no hay personajes ‘buenos’ y ‘malos’, sino que cada uno se mueve según lo que siente, pensando que está bien lo que hace. Eso está bueno, porque si bien hay héroes y villanos, no está tan marcado. Es mucho más complejo“.

Más allá de la diferencia de edad, Lucía, de 14 años, coincide: “a mí me encantan las historias porque te atrapan. Ahora, por ejemplo, estoy viendo una serie que trata sobre juegos de apuestas. Se llama ‘Kakegurui“.

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Kakegurui fue estrenada en 2019 y tiene dos temporadas

Si bien las series más famosas como Pokémon, o Digimon se concentraron en el género fantástico e infantil, hay una gama de producciones que atraviesa diversos géneros para todas las edades. “Muchos se quedan en lo que fue Dragon Ball Z, entonces a veces se piensa que el animé es sólo eso: fantasía y contenido para chicos. Pero hay mucha variedad. Hay contenido para adolescentes y adultos. Hay que romper con la idea de que es infantil, porque una vez que te adentrás te das cuenta de que no es así” expresa Mauro.

Continuando la misma idea, Alejo sostiene: “hay contenidos a los que tenés que prestarle mucha atención y tener la mentalidad abierta para entender ciertas cosas, porque se tocan temas que en principio parecen superficiales, pero que por detrás están tirando una data bastante importante“.  Con respecto a esto, Mauro comenta: “por ejemplo, muchos ven Naruto y se piensan que porque lo ven los chicos, es para niños, cuando nada que ver. En Naruto hay unas historias re complejas que los chicos por ahí no entienden. Hay un trasfondo muy importante“.

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Naruto es una de las series más famosas del mundo animé

La evolución del animé

Si bien a lo largo de la historia del animé hubo películas y series exitosas como Heidi o Dragon Ball Z, en general este tipo de animaciones ha permanecido como un producto alternativo, corrido del centro de la escena. Esta situación, sumado al hecho de que durante muchos años el animé sea asociado exclusivamente al público infantil, hizo que muchos adolescentes y adultos sean víctimas de bullying. “Cuando yo miraba, estaba marcado como que lo que hacía estaba mal, porque era algo supuestamente para niños. Te sentenciaban a quedarte en una esquina, señalándote como raro” recuerda Mauro. “Hoy en día cambió bastante la aceptación social, hoy ves gente en la calle con ropa de animé. Ahí te das cuenta que esto creció mucho, a mí llena de orgullo que haya pasado eso“.

Lucía coincide con Mauro en cuanto a la popularidad que han tomado las animaciones producidas en Japón: “tengo muchísimos compañeros del colegio que miran animé. Cerca del 90% ve alguna serie japonesa“. 

El aumento en la audiencia, hizo que se organizaran convenciones que año a año fueron teniendo una convocatoria cada vez mayor. Allí, fanáticos de todo el país se encuentran para cantar los canciones de sus series, conocer a personalidades como guionistas o productores y conseguir merchandising. Estos lugares, años atrás, también sirvieron como refugio para muchos chicos que en su momento eran víctimas de acoso por tener gustos alternativos.

Consumir creando

El animé, tiene la particularidad de que para muchos se ha transformado en un motor para producir su propio arte. En las convenciones, por ejemplo, se hacen concursos de Cosplays, donde los participantes, llamados cosplayers, usan disfraces, accesorios y trajes, representando a diversos personajes. Se trata de un verdadero trabajo artístico ya que los cosplayers se pasan horas preparando tanto el peinado, como el maquillaje y la vestimenta.

Por otro lado, muchos jóvenes empezaron a incursionar en el mundo del dibujo y la escritura, tomando como inspiración a los protagonistas de las series japonesas. Lucía, por ejemplo, desde que empezó a consumir este tipo de ficciones, pintó muchísimos cuadros.

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Lucía pintó a Kaonashi, personaje de la película El Viaje de Chihiro

De esta manera, en los últimos años, el contenido que salió de las pantallas ha logrado transformarse en materia prima para producir más arte, formando un espiral creativo infinito.

 

 

La variante Delta circuló por San Andrés de Giles

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