La historia del best seller gilense

En la provincia de Buenos Aires, todos los 5 de mayo se celebra el Día del Escritor Bonaerense, para conmemorar la desaparición del periodista chacabuquense Haroldo Conti. De San Andrés de Giles han salido grandes escritores: Secundino García, Graciela León, Héctor Raúl Terrén, Rienzi Leonardo Curotto, entre otros. Sin embargo, uno solo llegó a ser un best seller.

La vida del escritor migrante

El dos de octubre de 1934, Nicolás Vignati y Ana María Fariseo tienen a su segundo hijo: Alejandro. El hecho de ser el más chico de la familia, sumado a sus constantes problemas de salud, lo convirtieron en un niño sobreprotegido. En cierta parte, este exceso de cuidado por parte de Ana María estaba justificado: antes de los diez años ya había presentado serios problemas bronquiales y auditivos.

Su fragilidad se evidenciaba en su desempeño escolar. En 2016, en una entrevista con Infociudad, Graciela León detalló que las notas de Alejandro recién mejoraron en cuarto grado. A partir de allí, el niño comenzó a ser mucho más aplicado, mostrando una gran inteligencia.

Cuando terminó el secundario, se mudo a Buenos Aires para estudiar química. Sin embargo, luego de dos años brillantes, empezó a merodear por otros ámbitos, juntándose con poetas, pintores y actores. Graciela detalla que en su adolescencia, Alejandro escribía cartas para sus novias, por lo que es muy probable que estos encuentros con los artistas porteños lo retrotrajeran a esa etapa de su vida, alimentando el deseo de cambiar los tubos de ensayo por el lápiz y el papel.

El inicio del camino artístico

Ya totalmente volcado al arte, fundó una editorial llamada “Aguaviva“, en la cual se publicaron algunos libros del multi premiado Marco Denevi. Si bien el emprendimiento marchaba bien, al poco tiempo partió rumbo a Brasil. “Es una etapa muy difícil para él, pero al mismo tiempo muy enriquecedora porque su libro póstumo en la ‘Trastienda del lavadero chino’ tiene mucho de esa experiencia en aquel país donde visitó los lugares más bajos y tenebrosos” explicaba la historiadora local.

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Fotografía: Roberto Daus

Luego de un tiempo, regresó a la Argentina y optó por dedicarse al cine. Primero, filmó un corto llamado “Kosice“, centrado en Gyula Kosice, un escultor húngaro radicado en nuestro país. Posteriormente, migró a Perú para trabajar como guionista en la película “Taita Cristo” (1965).

Alejandro Vignati fue un trotamundos que utilizaba al arte como vehículo para recorrer el planeta, con el deseo de encontrar nuevas aventuras. Esto explica el hecho de que al poco tiempo de su viaje a Perú, parta a Estados Unidos a presenciar la partida del Apolo 11. En esa visita a Norteamérica, se encontró con James Macdonald, uno de los científicos más importantes del mundo en materia de Ovnis. Esa reunión celebrada en Texas, lo llevaría a escribir “Ovnis, la tercera dimensión“. A partir de allí, volvería a trabajar sobre los contactos con seres extraterrestres en repetidas ocasiones.

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A raíz de sus viajes y de su talento artístico, fue forjando amistades por todo el planeta. Sin ir más lejos, se hizo amigo de un cantante catalán que estaba dando sus primeros pasos, un tal Joan Manuel Serrat. Su relación era tan estrecha, que al poco tiempo Vignati decidió mudarse a la península ibérica.

Al llegar al viejo continente, empezó escribiendo en las solapas de libros ajenos, pero al poco tiempo, volvió a publicar sus propios trabajos. La escritura de Vignati fue muy reconocida en Europa, a tal punto que lideraba el ranking de los más vendidos junto al premio Nobel, Gabriel García Márquez.

Recién volvería a nuestro país en 1978, cuando la dictadura militar perseguía cualquier atisbo de libertad y creatividad genuina. Para el año del mundial, ya había desaparecido Haroldo Conti y habían asesinado a Rodolfo Walsh y a Paco Urondo. Quedarse en Argentina significaba poner en riesgo su vida.

Fue así que volvió a tomar sus maletas y aterrizó en Caracas. Según detalló Graciela León, la mudanza a Venezuela no trajo la paz que buscaba. Lejos de eso, se las tuvo que rebuscar para sobrevivir con poco y nada, a tal punto, que un periódico hizo una nota titulando “Escritor de best sellers no tiene para comer”.

Pese a estas dificultades, lograría sobrevivir y al cabo de unos meses conocería a Monnique, una mujer francesa que lo ayudaría a retomar su vida de escritor. Finalmente, fallecería en Venezuela el 3 de agosto de 1983 luego de atravesar un coma hepático fulminante.

Desde el 2007, Alejandro Vignati es conmemorado por el certamen municipal de cuento y poesía bautizado con su nombre. De esta manera, el artista sigue vigente a través de las obras de otros vecinos que aman el arte como él.

 

 

La variante Delta circuló por San Andrés de Giles

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