Alguien está en problemas: capítulo II

II

A veces las cosas parecen cambiar de esencia, renunciar a sí mismas, como si estuviesen siendo perturbadas intencionadamente en el interior. Algo con forma de dedo o mano invisible parecería irlas manipulando intentando cambiarles la sustancia; en tanto, su emanación, casi en forma de ruido, es sucia porque por naturaleza tienden a mantener la rigidez desde ese inamovible habitual disfraz de paz cotidiana.

Fue aquella mañana que tuve oportunidad de verlo por primera vez. Desde aquel día, y durante lo que duró su estadía, quién sabe qué fue produciéndose en el ambiente, pero todo lo perceptible pareció ir perdiendo poco a poco su robustez realista. Y no sería justo o razonable otorgarle semejante influencia a una persona, pero cierto debilitamiento gradual en las cosas fue mostrando, con el transcurrir de los días, una habitualidad disfrazada, ajena, prostituida; igual en superficie, pero que inéditamente revelaba un fondo; ni mejor ni peor en los resultados, diferente.

Iván Resaac leía el diario y esperaba tres medialunas con café con leche. Fue cuando queriendo levantar la vista para ver la calle a través de la vidriera del bar, notó el revoloteo de una gran mariposa amarilla y negra a su alrededor. Iba trazando cortitas líneas curvas, como engalanando la mesa, con esa discreta elegancia que les da el color y el dibujo en las alas… ¡cosa rara en un lugar cerrado como el bar, y más aún, tratándose de una ciudad rodeada de una intensiva producción rural!

Mientras la miraba fijamente, y tras haber estudiado sus movimientos, cuando estuvo a tiro, Iván Resaac descargó sobre la gran mariposa amarilla y negra un golpe en seco con la punta enrollada del diario. Sonriendo de satisfacción, y mientras limpiaba el diario del polvo que las colorea como al óleo, fue cuando apareció aquel personaje. 

Yo me hallaba en la barra y de lejos pude captar aquella escena. La mesa de Iván Resaac estaba muy cerca de la vidriera, pegada a la puerta vidriada de entrada.

– Hay una idea de justicia que descansa en la envidia – soltó este singular sujeto que por primera vez veía entrar al bar y que fue directo hacia Iván – El resentido se venga de los valores que no puede alcanzar, rebajándolos. La Belleza es un valor. Usted mató a esa mariposa. Estimo que nunca me caerá bien. Buen día. –

Y el extraño personaje vino a sentarse a un lugar cercano al que yo estaba.

 


 

Novela escrita por Rienzi Leonardo Curotto, ilustrada por Magdalena Uncal Basso

Sino lo leíste, pasá por el primer capítulo  

La variante Delta circuló por San Andrés de Giles

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