“Cuando estás internada, solo te importa lo básico de la vida”

Yesica Flores se despierta en el Hospital de Clínicas, después de permanecer  once días en estado de coma. La última vez que había cerrado sus ojos, se encontraba internada en el Hospital San Andrés, luego de confirmar que por tercera vez se había contagiado de Coronavirus.

La historia clínica

En 2018 un estudio le detectó un Linfoma de Hodgkin con metástasis en la médula ósea, por lo que tuvo que someterse a dos sesiones de quimioterapia. El cuadro se vio agravado por una neumonía, que atacaba con fuerza a raíz de la inmunodeficiencia que produjo el tratamiento oncológico.

Si bien se pudo recuperar, al poco tiempo se tuvo que enfrentar con que un catéter que le habían puesto los médicos se había infectado. Esto la volvía a llevar al borde del abismo, ya que producto del cáncer, previamente tuvo que atravesar un tratamiento llamado Autotransplante de Médula Ósea, cuyo efecto adverso era la eliminación de todas las defensas inmunes. La infección del catéter se encontró con un cuerpo al que podía atacar libremente.

Sin embargo, cuando parecía que su cuerpo no daba para más, logró recuperarse y para finales del 2020, no quedarían rastros del linfoma.

La lucha contra el Covid

La primera vez que Yesica dio positivo para Coronavirus no presentó síntomas. El contagio se dio en noviembre del año pasado a través de Blanca, su hermana quien trabaja como enfermera. En febrero de este año, volvería a adquirir el virus, luego de encontrarse con una amiga que tenía Covid de manera asintomática. Finalmente, un mes después,  se contagiaría de nuevo, pero en esta oportunidad no se sabría cuál fue el nexo epidemiológico. La falta de defensas, hizo que la enfermedad la acosara una y otra vez.

El último contagio, a diferencia de los primeros dos parecía ser letal. La falta de oxígeno, hizo que el miércoles 17 de marzo la tuvieran que internar en el Hospital Municipal, para luego entubarla. “Yo misma pedí que me intuben porque sentía que mi corazón no podía más” confiesa. El cuadro parecía irreversible. Tal es así, que para el sábado 20, los doctores le notificaron a sus familiares que no había más nada para hacer y que solo le quedaban algunas horas de vida.

Pese a este diagnóstico, la familia pidió trasladarla al Hospital de Clínicas. Al llegar allí, gracias a algunos estudios realizados con tecnología que no cuenta el nosocomio gilense, los especialistas detectaron que los pulmones de Yesica no estaban siendo víctimas únicamente del Covid – 19, sino también de un hongo que los llenaba de mucosidad, tapando las vías respiratorias. De esta manera, los doctores empezaron con un nuevo tratamiento, que luego de una semana logró que Yésica volviera a abrir sus ojos.

La rehabilitación

La recuperación va a tardar meses porque el hongo es muy agresivo” detalla la vecina gilense. Si bien ya pudo volver a su casa, aún tiene el virus activo, ya que su inmunodeficiencia hace que la enfermedad perdure por más tiempo.

Además, tiene que atravesar un proceso de rehabilitación corporal. Cuando estaba en coma, los médicos le dieron una medicación que inhabilitaba el movimiento de sus músculos, llevando a que se atrofien. “Cuando me desperté, no podía mover ni piernas, ni brazos. Tampoco sostener la cabeza. Solamente movía los dedos de pies y manos. Hoy por suerte puedo caminar, bañarme sola y cortarme sola la comida, pero lo tuve que aprender todo de nuevo“.

Mientras intenta volver a la normalidad, agradece el trabajo del doctor García Di Marco: “es mi ángel de la guarda. Me salvó la vida tres veces, le debo todo. Aparte fue mi psicólogo, mi asesor emocional. Es un excelente médico, pero antes es una excelente persona“.

El deseo de aferrarse a la vida

El caso de Yesica es totalmente atípico. Cada vez que su salud parecía tocar fondo, volvía a salir a flote y continuaba peleando. “Creo que estoy viva por que tengo a mi hija” comenta entre lágrimas. “Ella hace dos meses y medio que se la pasa en la casa de los abuelos, mientras espera que yo vuelva de estar internada. Creo que también sigo con vida por mi papá, mi hermana. Por mi familia. Y además, yo siempre digo en chiste que no me gusta perder. Por eso me aferro tanto a la vida, porque no la quiero perder. Quiero vivir, quiero criar a mi hija, quiero estar con mi familia. Yo sé que ellos me esperan, entonces siento que no los puedo dejar“.

Los sueños a futuro

Lo que quiero de ahora en más es pasar más tiempo con la gente que quiero. Solamente eso” declara Yesica. “Cuando estás internada, solo te importa lo básico de la vida: un vino con una amiga, una charla, un domingo de asado con la familia” concluye. 

La variante Delta circuló por San Andrés de Giles

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