“Hay que establecer políticas de estado”

Mauro Vivas es criminólogo y especialista en seguridad ciudadana. Actualmente se desempeña como Director de Prevención del Delito y la Violencia, en el Ministerio de Seguridad de la Nación.

En este sentido, hablamos con él sobre la inseguridad, la violencia ciudadana y las propuestas para resolver estas problemáticas.

IC: ¿Se puede aplicar una única política de seguridad para todos los barrios? ¿O hay que ir adaptándose a cada lugar?

MV: Cuando hablamos sobre seguridad ciudadana, decimos que el estado trabaja en articulación con los niveles de gobierno nacional, provincial y con la ciudadanía. Es fundamental pensar en políticas situadas. Si bien hay directrices o algunos ejes estratégicos que son macro, que guían a las políticas públicas, es fundamental pensar en estrategias situadas. Esto nos permite dar cuenta de qué actores sociales están en esos entramados, qué actores comunitarios y barriales, como los curas de barrio o los clubes. También hay que pensar qué tipo de políticas públicas hay en esos determinados lugares. Eso te da un mapa desde donde construir mejores políticas de seguridad ciudadana.

Lo que se hace es implementar políticas para la prevención de la violencia. Todo este trabajo implica mirar los territorios y generar intervenciones. Si en algo se caracterizan las políticas de seguridad ciudadana es en la participación social y comunitaria.

Hay que tener en cuenta que muchos actores están en tensión para que esas políticas de seguridad ciudadana no se desarrollen. No todos los sujetos de un determinado territorio tienen la intención de que se desarrollen mejores proyectos, porque hay otros intereses sociopolíticos, o hasta delictivos, entramados con la economía delictiva, que van a poner en tensión a tu proyecto. Es fundamental, tanto en el modo de pensar los problemas, como en el modo de pensar intervenciones.

IC¿En qué medida influye la identidad de cada barrio a la hora de encarar la conflictividad ciudadana?

MV: Yo he trabajado en la Patagonia, en algunos barrios de Río Negro y no es lo mismo, ni siquiera adentro de esas mismas provincias lo que pasa en Viedma, que lo que pasa en el alto Bariloche, o lo que pasa en las barriadas de Cipoletti. Y no es lo mismo lo que pasa en un barrio de Chaco, que lo que pase en la 1 – 11- 14. Hay una trama sociocomunitaria que es cultural, que tiene que ver con diversos colectivos con tradiciones particulares.

Por eso es tan dinámico y tan complejo diseñar políticas de seguridad ciudadana. No se puede pensar, en una misma mirada para todo un país. Uno tiene que escuchar y registrar: Por ejemplo, no son iguales las características que adquiere la violencia de género en un barrio popular de Salta, que en un barrio popular de la Ciudad de Buenos Aires.

IC: En general, cuando se habla de inseguridad y violencia, suelen aparecer propuestas que tienen que ver con acciones directas y no tanto con la reflexión. ¿Qué importancia tienen los aportes académicos y universitarios?   

MV: Tienen un rol clave. Hay todo un colectivo que hace años que viene estudiando esto, que no improvisa sobre estos temas. Más o menos a partir del 2000 se hace fuerte la investigación académica y las políticas de seguridad ya no se definen en torno a resolver problemas policiales, sino que se empieza a profundizar un poco más. Y eso ha generado numerosas investigaciones.

De hecho, la ministra de seguridad actual y equipos que integran el ministerio, hace muchísimos años que investigan las fuerzas de seguridad: Cómo están compuestas, sus tradiciones, su formación. Ahí hay un conocimiento que hay que tener como muy claro: Quiénes son los actores de la fuerza de seguridad y cómo es la dinámica comunitaria, la dinámica barrial, los contextos sociales. Es imposible sin investigación entender qué es lo que pasa.

Esto se nutre de la antropología, de la sociología, de la ciencia política, del derecho. Por eso necesita abordajes y respuestas multidimensionales.

IC: ¿Entonces no hay dicotomía entre accionar policial y reflexión?

MV: Para nada, lo que digo es que hay determinadas instancias de conflictividades que necesitan tener otros mediadores, otra institucionalidad en donde gestionarse. Cuando no pasa esto, muchas de las intervenciones terminan generando violencia.

Por eso comparto la visión del Ministerio de Seguridad que propone una mirada integral de la seguridad, interviniendo desde distintos sectores. No pueden ser las fuerzas de seguridad los únicos actores reguladores de la violencia ciudadana.

En este sentido, hay que desmitificar un montón de miradas que tienen los policías hacia los jóvenes y viceversa.

IC: ¿En qué medida influyen los medios de comunicación en la percepción de la inseguridad?

MV: Muchas veces nos obturan la posibilidad de discusiones profundas en relación a muertes violentas y al aumento de delitos. Es necesario poder generar debates, donde podamos salir de la lógica que nos imprimen los medios de discutir bajo ejes cerrados como “Mano dura vs Garantismo”. Son falsas dicotomías que nos imponen y que se discuten sin tener mucha profundidad sobre ese tema. Ese es un gran problema porque va socavando los pisos de convivencia democrática.

IC: ¿En qué medida influyen la desigualdad, ya sea en términos económicos o de poder, en la violencia ciudadana?

MV: En relación a la violencia barrial, creo que la desigualdad y las condiciones de vida van produciendo trayectorias vinculadas a las violencias.

Ante la continua estigmatización y marginalidad, la violencia muchas veces tiene que ver con el deseo de crear un lugar propio donde imponerse: “Yo quiero que me reconozcan” “Quiero un cartel” “Quiero que alguien me vea”.

Por otro lado, las violencias y los delitos muchas veces son visualizados a partir del acto individual, pero en reiteradas ocasiones tiene que ver el modo en que se educa una masculinidad hegemónica, que impone cierto modo de ser varón. Sobre eso están ligados los modos de construcción de prestigio.

IC: Estamos hablando de contextos en los que la concepción que hay sobre la vida es muy distinta a la que se concibe en la clase media y alta ¿No?

MV: Absolutamente. Porque aparece la estigmatización, la distancia social y el sufrimiento. No hay modo que no deje huellas en la niñez, y que esa niñez no influya luego en la adolescencia y la adultez.

Además aparece el tema del consumo. Como nos atraviesa a todos, la privación del acceso a determinados bienes impacta en la vida social.

IC: Antes decías que hay que desmitificar algunos conceptos ¿Eso incluye al discurso que sostiene que el miedo a la policía ayuda a combatir el delito?

MV: Eso es un mito. Las políticas de “mano dura” que se implementaron durante mucho tiempo y que vemos dentro de la demagogia punitiva, no resuelve la inseguridad.

Hay que establecer políticas de estado y lograr consensos amplios con diversos sectores políticos y sociales. 

La política de seguridad no puede estar atravesada por el componente estrictamente partidario, porque si no vamos a ir generando círculos en donde se avanza y se retrocede. Y no podemos seguir así, porque lo que está en juego son vidas, son personas atravesadas por las violencias, es el agravamiento de la libertad. Lo que está en juego es muy complejo como para que esté siempre el ojo en la demagogia.

Yo creo que, y lo digo orgulloso, integro un ministerio que apunta hacia eso, hacia construir consensos, hacia construir políticas integrales. Obviamente que también se requiere del despliegue de fuerzas de seguridad, bien equipadas, bien pagas y con mejores estándares de derechos.

Si no trabajamos en esos grandes núcleos, como también lo son el sistema penitenciario y el sistema judicial, no vamos a poder llegar a generar mejores estándares de política de seguridad.

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