La epidemia del baile

El día que Frau Troffea se puso a bailar en la plaza central de Estrasburgo, probablemente no sabía que estaba iniciando un brote que iba a ser histórico. En la frontera entre Alemania y Francia, la mujer bailaba sin cesar ante la mirada atónita de los demás, que no entendían de qué iba la cosa.

Lo más sorprendente fue cuando otros transeúntes se sumaron a la coreografía. En la próxima semana, se agregarían otras 30 personas. Tal fue el furor, que en un intento de aprovechar la concentración de gente, muchos mercados se trasladaron a ese lugar.

En un mes el número de bailarines llegaría a 400, y lo que empezó como un fenómeno alegre y festivo, se volvió un poco más sombrío. Franceses y Alemanes parecían estar secuestrados por su sistema nervioso. Bailaban hasta caer desmayados, siendo víctimas de músculos desgarrados, huesos rotos y hasta ataques cardíacos.

La epidemia del baile de 1518, quizás fue la más conocida, pero estos brotes se venían dando desde el siglo VII. En 1237, por ejemplo, un grupo de niños bailó mientras hacía un recorrido de 20 kilómetros. 

Las autoridades francesas pensaron que agregando músicos, la población se podía calmar. Pero lo cierto es que los instrumentos sonaban hasta romperse, y la gente seguía ahí, como si no hubieran pasado ni cinco minutos.

Cuando la música dejo de sonar y el silencio retornó a las calles francesas, el escenario era aterrador: decenas de cadáveres se extendían por el suelo. No impactaba sólo la muerte, sino también su aspecto simbólico. Europa todavía recordaba lo que había sido la peste negra, que había dejado 25 millones de victimas fatales.

Hasta el día de hoy, los científicos no han podido determinar exactamente qué fue lo que originó esta epidemia. Durante la Edad Media se sostuvo que quienes bailaban estaban endemoniados, y se los sometió a distintos rituales de exorcización. Luego, con la llegada de la modernidad y de la ciencia, se ha esbozado como responsable de la epidemia a una intoxicación alimentaria producto de hongos que crecen en el trigo. Estos, tendrían una sustancia que genera conductas alucinógenas.

También se habló de sectas religiosas, de un tipo de epilepsia extraña y hasta de una histeria colectiva. Ésta última, se da cuando una conducta patológica afecta a un gran número de personas. En general suele aparecer producto del estrés.

En 1518, había mucha pobreza y las condiciones higiénico-sanitarias eran pésimas. Si a esto le agregamos la opresión que significaba vivir bajo el poder feudal, la idea de una histeria colectiva no parece tan descabellada.

Hubo epidemias mucho más devastadoras. Pero ninguna fue tan perversa como la epidemia del baile, donde aquello que se usaba para festejar, se transformó en algo muy oscuro.

 

 

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