La historia del ferrocarril gilense

A finales del siglo XIX, Julio Argentino Roca gobierna el país, y mientras a sangre y fuego extiende la frontera hacia el sur, también se extienden las líneas ferroviarias. Como si pidiera disculpas por tanto indio muerto en la campaña del desierto, el tren va creando nuevos pueblos, rehabitando lo que se vació a base de tiros y puñaladas.

En esa incursión hacia el interior, es que en 1889 se inaugura la estación “San Andrés de Giles“. En diálogo con Infociudad, la historiadora local, Graciela León, contó: “Los hermanos Lacroze presentaron un proyecto para extender una línea férrea que llegue hasta aquí, ya que en ese momento, terminaba en Pilar. Era el tranvía rural que consistía de un vagón tirado por caballos. Pero los Lacroze ya tenían la mirada puesta en los trenes a vapor, y trabajaron para que los autoricen a usarlos, lo que pasaría recién en 1891. Las locomotoras que pasaban por la estación de Giles se llamaban ‘La Invencible’ y ‘La Coqueta’“.

Además agrega “Es en ésta época cuando se van a crear las estaciones intermedias como las del ferrocarril Urquiza: Villa Ruiz, que su nombre rinde homenaje a Lorenzo Ruiz, quien donó las tierras para el avance ferroviario. Luego nos encontramos a Cucullú, que por el mismo motivo se llama así en honor a Juan Simón de Cucullú. Para 1892 las estaciones del km. 108 y Heavy van a ser habilitadas, y el ferrocarril se va a extender hasta Rojas, donde será la terminal“.

Y no era la única línea que pasaba por nuestro partido: “El Ferrocarril Mitre fue el primero en pasar por tierras gilenses: lo hizo en Azcuénaga en 1880. Luego, en 1894, se crearía la estación de Solís. La extensión del San Martín fue la responsable de que en en 1885 se inaugurara la estación de Franklin. En 1911 se habilitó la estación del km. 125, también llamada “La Valerosa”, por la que pasaba el Ferrocarril Belgrano, que luego llevaría a la creación de las estaciones de Espora y Tuyutí

Los trenes, no traían consigo sólo agua y carbón, sino también, un avance económico y social muy importante. Permitía un mayor contacto con la Capital Federal, que facilitaba tanto el transporte de mercadería como de personas, en un viaje que podía durar de 3 a 4 horas. Esto hacía que las estaciones se convirtieran en puntos de reunión social. Los vecinos gilenses se encontraban para ver la llegada del tren, y observar el arribo y la llegada de pasajeros. Hay incluso quienes utilizaban al lugar con fines sanitarios, tal como lo explica Graciela: “Había madres que llevaban a la estación a los niños que tenían problemas respiratorios, para que aspiraran el vapor de las chimeneas de los trenes, como nosotros hoy aspiramos con los nebulizadores“. Esto fue algo que ocurrió hasta 1950, cuando aparecieron las locomotoras diésel.

La llegada de los ferrocarriles, además significaba un crecimiento de las oportunidades laborales: “Había personal trabajando en la estación, los bolseros de los galpones, quienes cargaban el cereal; los operarios de las vías, que todos los días controlaban que se encuentren en condiciones, y el guardabarrera que trabajaba en la garita que está en Scully y 9 de Julio“.

En 1989, Carlos Menem era electo presidente, y su triunfo fue una herida mortal para el sistema ferroviario argentino. Su “revolución productiva” significó que en 1993 dejen de pasar por Giles los trenes de pasajeros, y en 1998 los cargueros. Al respecto, Graciela León lamenta: “No podíamos creer que eso iba a suceder. Y cuando sucedió, tardamos mucho en asumir que era una realidad que la estación se quedaba sola

De las vías que surcaban todo el territorio nacional, en nuestra ciudad quedan sólo algunos rastros tapados por pastizales, casas y cemento. En la mayoría de los pueblos del interior, las estaciones que no fueron tomadas y transformadas en hogares de familia, están abandonadas y en muy mal estado. Se mantienen en pie como vestigios del pasado, y tal vez, con la esperanza de volver a ver pasar a aquellas viejas serpientes de metal.

La variante Delta circuló por San Andrés de Giles

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