Romina Martínez: “Cuando uno tiene un trabajo digno puede hacer cualquier cosa”

Los reflectores la apuntan. La pasarela se extiende como una calle infinita. Los ojos, dilatados, devuelven las miradas que llegan desde los espectadores. Falta el aire y el pánico se agudiza, hasta que alguien le susurra al oído “Dale, que este es tu momento”. Romina suspira y encara hacia las luces. Por primera vez modelaba para alguien más que los espejos de su habitación, y encima arrogandose el privilegio de ser la primera chica trans que representaba a la marca del desfile.

Romina Martínez empezó su transformación,  como ella le llama, a los once años. “A mí me gustaba jugar a modelar”, cuenta. “Yo quería ser como Mariana Arias o Naomi Campbell. También quería ser Florencia de la V. Todas queríamos ser ella, fue muy potente e hizo que muchas nos animáramos a cambiar”.

No exagera cuando describe al proceso de cambio como un acto de valentía. Es que el miedo a lo diverso abunda, y suele estar acompañado de una profunda violencia. Romina confiesa  “de chica la pasé muy mal. Empecé mi transformación a los once años y tuve que lidiar toda mi infancia con la discriminación. El acoso se daba en la calle y en la escuela. Tuve que abandonar el colegio y recién lo terminé hace un año”.

El arte de sobrevivir

Faltaban días para que el otoño del 2016 empezara, pero el frío ya se había instalado en Giles. Es que el 6 de marzo, Jorgelina Galván, no aguantó más el desprecio cotidiano y se suicidó.  Desde que se autopercibió mujer, tuvo que confrontar una hostilidad diaria. “Ella era muy amiga mía” detalla Romina. “En todo el proceso de mi transformación me dio una mano impresionante. Cuando decidió irse, yo pasé por una etapa depresiva porque pensaba que me iba a pasar lo mismo. Por suerte pude tomar otros caminos”. El miedo de Romina se replica en muchas otras, ya que el promedio de vida de una chica trans es de 38 años.

La falta de oportunidades laborales no hace otra cosa que expulsarlas a la marginalidad y al trabajo precarizado. Tal como lo describe Romina Martínez: “Para la mayoría las únicas opciones que quedan es irse a trabajar a otra ciudad o ejercer la prostitución. La ley del cupo laboral trans no se cumple. Desde el municipio nos habían prometido que nos iban a ayudar, pero con la  cuarentena quedó todo en la nada, sólo cobramos un subsidio. Yo tengo trabajo y puedo aguantar, pero hay chicas que no pueden”.

Con respecto al Área de Género y Diversidad que fue inaugurado el año pasado, declara: “Cuando lo necesitaba, a mí me fue útil. En su momento nos ayudaban a realizar trámites y a buscar trabajo. Ahora, con la crisis del coronavirus, se cortó todo”.

Dale, que este es tu momento

Romina baja de la pasarela y llora. Llora porque es una sobreviviente. Porque tiene muy presente que siempre que los reflectores apuntaron a una chica trans fue para humillarla y hacer reír a los demás.

Algunos años después las luces vuelven a enfocarla. Otra vez sus ojos devuelven las miradas de los espectadores. Los bombos y platillos ya se habían ido, cuando el conductor anuncia “La reina de los carnavales de la ciudad es ¡ROMINA MARTINEZ!”  La ganadora comenta “No podía creer el apoyo de la gente. Fue algo espectacular. Me acuerdo y me tiemblan las manos, fue inolvidable”.

La chica que soñaba con desfilar como Campbell no se conforma con lo logrado y cierra la entrevista con un único deseo: “De acá a un futuro, lo que más me gustaría  sería que se cumpla la ley de cupo laboral trans. Es lo que más necesitamos: trabajar. Porque cuando uno tiene un trabajo digno, después puede hacer lo que quiera”.

La variante Delta circuló por San Andrés de Giles

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