La Morada, un lugar mágico en suelo gilense

El desvió de la Autopista 7 cambió por completo la fisionomía de San Andrés de Giles. Algunos consideran que esta obra ordenó el crecimiento que se espera para el casco urbano, estableciendo posibilidades de expansión y límites claros. Una manera de pensar que desde las imágenes satelitales parece tener bastante criterio.

Del otro lado de esta variante, que a diario transitan miles de automovilistas, se esconden lugares mágicos. Sin ir muy lejos nos podemos encontrar al Club Albatros, un emblema de la aviación Argentina, también se conoce que por allí funciona un espacio Budista y hasta un Centro Ecuestre. Este último lugar, fue motivo de visita para Infociudad.

A pocos metros de Albatros (se puede ingresar por el desvío o por el camino ancho de Cucullú) La Morada es un mundo especial dentro de una ciudad. Una casona antigua con tintes coloniales, caballos que corren por la chacra, una pileta – estanque, vegetación diversa y varias edificaciones de época forman un paisaje bellísimo que es acompañado por una tranquilidad absoluta. Es más, desde el interior de la chacra solo se ve campo, no se aprecian caminos ni construcciones industriales.

El proyecto del Centro Ecuestre es relativamente nuevo. Nació en 2018 y en los últimos años se consolidó como una marca para la región y el turismo nacional. De hecho, mientras recorríamos las instalaciones, turistas brasileños decidieron parar en nuestros pagos para pasar dos días de campo, incluso durmiendo en las pintorescas habitaciones que ofrece el lugar.

Mujeres, socias y pujantes

Carolina Mateu y Victoria Wilson se conocieron cuatro meses antes de comenzar la sociedad que motivó el nacimiento del Centro Ecuestre La Morada. Sus historias personales tenían varias similitudes: mujeres de campo desde la cuna, solteras con hijos, apasionadas por los caballos y con un fuerte deseo de emprender algo nuevo en la tranquilidad de la ruralidad.

Carolina nació en San Antonio de Areco y de muy joven se fue a vivir a un campo de Córdoba. Creció entre los caballos y sin darse cuenta comenzó a diseñar su carrera profesional. “Para mi los caballos eran mi juguete en la infancia” recuerda la actual líder del proyecto. Padre “burrero” de corazón y mamá profesora de equitación (de reconocida trayectoria) forjaron su personalidad.

Mientras transitaba su adolescencia se dio cuenta que su sensibilidad particular tenía conexión con los caballos. Si bien practicó equitación, decidió comenzar su actividad como domadora. Eso sí, diseñando su propia técnica con eje en los buenos tratos, un método que necesita del compromiso y afecto de las partes para lograr buenos resultados.

Victoria también nació en Areco donde su familia ya se dedicaba a la actividad rural. Los caballos la apasionaron y desde joven comenzó a dar clases de equitación, incluso en varias ciudades de la región. Entre cucardas y buenas experiencias, la idea de tener su propio Centro Ecuestre comenzó a prender hasta hacerse realidad.

La Morada, el lugar

Las 9 hectáreas de la chacra son el contexto ideal para conectarse con la naturaleza y los animales, principalmente con la actividad equina. Además de las clases de equitación, en La Morada se hacen cabalgatas, fogones, actividades recreativas con caballos, cursos y hasta se ofrece una estadía turística única en la región. El espacio no deja a nadie afuera.

“Recibimos a personas de todas las edades todos los días. Tenemos chicos que dejan la tablet para tener su acercamiento con los caballos, adolescentes que lo utilizan como un cable a tierra y gente grande que viene a desconectarse, se la pasan contemplando el paisaje y la tranquilidad del lugar” cuenta Carolina a Infociudad.

Uno de los puntos fuertes de La Morada es que allí se puede “montar con libertad” sin relojes que marcan el fin de un turno. Además, los visitantes suelen recorrer la ruralidad a caballo, parar en pulperías y en lugares típicos de esta zona como las escuelas rurales o pequeños poblados. El último grupo que por allí pasó hasta compartió una fogata mientras miraban el interminable cielo gilense.

“Si bien nosotros tenemos actividades y opciones, a veces decimos que también es importante el ¨no hacer¨, es decir, quedarse a disfrutar la sombra de un árbol, mirar a los más de 50 caballos que tenemos en el predio, meterse a la pileta, o pasar un buen rato desayunando el pan casero de todos los días” explica Mateu, quien además de este proyecto se desempeña como domadora en importantes campos de la zona.

El caballo como regulador

“Yo siempre digo que el caballo es un regulador de temperamento. El necesita un tiempo que tenemos que respetar y una libertad que te termina contagiando, más allá de la capacidad de percepción que tienen. Por ejemplo, a un chico con hiperactividad lo calma, y a una persona retraída le eleva la moral al notar que puede domar a un animal de semejantes características” cuenta Carolina.

Mientras desarrolla su atinada teoría, Carolina le pide a su hijo Juan que traiga a uno de los mimados de la chacra: un tordillo mansito que se conecta con las personas de una manera muy especial. Incluso, ni bien llegó al patio interno de La Morada, la domadora tomó una de sus piernas para que él descanse en el verde césped. Una imagen que habló por si sola.

“La conexión que se logra es un ida y vuelta. Ellos saben que nos está pasando, si llegamos estresados, tristes o si estamos ahí para seguir conociéndonos. Y lo decimos porque nos pasa permanentemente, mientras los cepillamos o simplemente nos acercamos para darles una caricia. Eso se siente y nos hace bien” detalla la domadora.

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Carolina con el tordillo.

El valor de lo nuestro

Mientras Carolina nos cuenta el proyecto turístico que representa La Morada destaca otros alojamientos rurales, al Club de Planeadores Albatros, las escuelas, los nuevos restaurantes del camino, las capillas de las localidades y el paisaje que ofrece el campo gilense. Su visión es solidaria y amplia, el Centro Ecuestre que lidera es una parte de un circuito con ambición de crecimiento.

En la actualidad La Morada realiza todo tipo de actividades ecuestres a precio del interior, ofrece el alojamiento rural con incluso una habitación preparada en los boxes de los caballos, como ella la llama, el “Horstel”. Una ingeniosa actividad para pasar la noche a metros de los animales.

Este verano La Morada también sumó la realización de talleres y eventos empresariales y otros como bautismos, cumpleaños y casamientos. El paisaje inmejorable es un gran atractivo para pasar las celebraciones en un lugar único.

La Morada nos invita a descubrirnos como ciudad y región. A pocos minutos del casco urbano pero en la ruralidad, se esconde un lugar elegido por turistas de todo el mundo. Su particular manera de entender la actividad equina es un plus que revaloriza el ámbito en cuestión. La chacra, sin dudas, es un buen “escondite” para descansar y llevar a cabo una conexión con los caballos difícil de explicar con palabras.

Contacto: 11 2777 8303

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