SOLIDARIDAD HASTA LA MÉDULA

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A cuatro años de convertirse en dadora de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH), también conocidas como médula ósea, Valentina Giunta (25), afirma que la donación le dio un giro a su perspectiva de la vida.
¿Qué implica ser donante de médula ósea? ¿Cómo es el procedimiento? Desde Infociudad contribuimos a responder las dudas frecuentes acerca del tema y te invitamos a conocer la experiencia de esta joven gilense.

¿Qué te impulsó a ser donante de médula ósea?
Cuando me mudé a Capital Federal para iniciar mis estudios en Oceanografía comencé a dar sangre cada tres meses. En 2010, integrantes del Club de Donantes al que pertenezco me invitaron a anotarme en el Registro Nacional de Donantes de CPH del INCUCAI. Al ser donante de sangre y de órganos no tuve que pensarlo mucho, simplemente era otra forma de ayudar. La oportunidad de tenderle una mano a quien lo necesite me lo decía todo.

¿Cuáles son los requisitos y los pasos para inscribirse en el Registro?
Toda persona entre 18 y 55 años con un peso mínimo de 50 kg y que goce de buen estado de salud está en condiciones de adherirse al Registro de Donantes Voluntarios. Para concretar la inscripción, basta con dirigirse a cualquier centro de donantes con sede en diversos hospitales de todo el país. Allí, se realiza una extracción de sangre para su tipificación genética y posterior almacenamiento de datos en el Registro.

¿En qué consiste el proceso de donación de células?
Una vez que el dador y receptor resultan compatibles, las alternativas para realizar la donación son dos: por punción o por vía sanguínea a través de un proceso de aféresis (donde se extrae el componente necesario y se restituye el resto de la sangre al donante). Es importante señalar que ambos métodos son igual de seguros, no dejan cicatriz ni secuela alguna.

¿Qué sentiste cuando supiste que la posibilidad de convertirte en donante podía concretarse?
La probabilidad de hallar al dador se da en 1 entre 40.000 personas. Por este motivo, me dijeron que quizás jamás donaría células. Sin embargo, en enero de 2012 me comunicaron que resulté compatible con un adolescente español de 13 años que padecía anemia de Fanconi, una enfermedad hereditaria grave. Cuando me llamaron para contarme esto fue emocionante. Saber que la posibilidad de donar estaba cerca de ser real me llenó de alegría y expectativas.

¿Cómo fueron los pasos previos a la donación?
Antes de concretar la donación me realizaron una seguidilla de estudios. Los médicos debían cerciorarse de que estuviera en buenas condiciones de salud y, a su vez, tenían que informarme acerca de todo el proceso. Siempre lo viví con mucha tranquilidad y confianza. Por sobre todas las cosas, deseaba que la donación se llevara a cabo.

¿Cómo viviste el proceso de donación?
Elegí realizar la donación por punción. La razón fue que prefería un proceso más corto y no la aféresis que dura algunas horas.
Pasé la noche del 12 de febrero de 2012 en el Instituto Fleming de Capital Federal. A la mañana siguiente me hicieron la extracción. Desperté en muy buenas condiciones y al otro día retomé mis actividades en forma normal. Es lógico que se sientan molestias leves en la zona de la punción, pero puedo asegurar que cualquier pequeño malestar queda totalmente en segundo plano comparado con la sensación indescriptible que es dar vida.

A nivel social, ¿pensás que existen temores y prejuicios relativos a la donación de médula ósea?
Sí, creo que existen muchos prejuicios, pero principalmente por ignorancia. La gente desconoce que no hay riesgos en la donación y que significa algo muy grande. Cuantos más seamos los inscriptos en el Registro, mayores serán las posibilidades de ayudar a quienes lo necesiten. Gracias al trasplante de médula ósea enfermedades como la leucemia pueden curarse. Al pensar en eso los prejuicios desaparecen.

Estas son algunas pinceladas entorno a la historia de Valentina, quien fue distinguida en 2013 por el Ministerio de Salud de la Nación. Su experiencia seguramente estimule a tantos otros solidarios hasta la médula.
Aquí, una última reflexión clara e inspiradora: “lo importante era poder concretar la donación y que ese nene sintiera que la solidaridad y la esperanza pueden venir de cualquier lado, que sólo se necesita gente predispuesta.”

 

Lo que hay que saber

• ¿Qué son las CPH y cómo son los procedimientos de donación?
Las CPH originan las células sanguíneas. Se encuentran en la médula ósea, que es el tejido esponjoso ubicado en la parte central de los huesos. No tiene relación con la médula espinal. La donación de estas células se realiza en vida y, para esto, existen dos procedimientos:
1) Sangre periférica: durante los 5 días previos a la donación se le aplican vacunas al donante que facilitan la liberación de las CPH al torrente sanguíneo. Al quinto día, el donante es conectado a una máquina de aféresis de 2 a 3 horas para recolectar las células.
2) Médula ósea: es un procedimiento quirúrgico que dura de 1 a 2 horas. Al donante se le suministra anestesia y se extraen las CPH de la médula ósea, ubicada en la parte posterior de los huesos pélvicos, mediante una punción.

• ¿Quiénes necesitan un trasplante de CPH?
Aquellas personas con enfermedades hematológicas como leucemia, anemia plástica, mieloma, errores metabólicos o déficit inmunológico.

• La donación de CPH en cifras
Hay más de 65 mil donantes voluntarios inscriptos en Argentina, integrados a una red mundial que nuclea a 27 millones de personas de 48 países.
Según el último informe publicado por el INCUCAI, en 2015 el Registro Nacional aportó 28 donantes argentinos. Esta cifra representa la marca más alta desde la creación del Banco en 2003.

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