“EL TRENCITO ES MI VIDA”

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José Mario Suarez tiene una cara familiar. Cuentan aquellos que lo conocen desde hace tiempo,  que pueden pasar años sin que se lo vea por las calles, pero cada vez que aparece manejando su tren, su rostro sigue recordando  la alegría de pasear por nuestro pueblo sobre una gallina.

Suarez es maquinista de su propio juguete hace 39 años. Actualmente su hijo lo acompaña por las principales plazas de las ciudades que visitan y es quien acomoda los niños y sus familias en cada vagón rojo.

En sus inicios, el colorido ferrocarril perteneció a Don Ponce, un vecino de Mercedes, su ciudad natal. Lo había contratado para manejarlo por los barrios, pero cada vez que se rompía era José el encargado de rescatarla por donde se había detenido y arreglarla. Después de tantas idas y revividas, Ponce le propuso vendérsela. Al no contar con la suma de dinero que el propietario le pedía, Suarez decidió desprenderse de unas cuantas pertenencias de valor: un equipo de música y una yegua con un potrillito incluido.

Luego de cerrar el trato, José se dedicó un mes entero a sanar el motor roto de la gallina para poder salir a trabajar y no detener la marcha nunca más. “Al principio solo andaba en Mercedes, hasta que un hombre de Navarro me invitó a manejar el tren en una fiesta, y como me fue muy bien continué por Lobos y otras ciudades vecinas”, relató.

Tres meses estuvo fuera de su pueblo recorriendo localidades como Benito Juarez, Rosario, Saladillo, Rojas, Carmen de Aréco, entre otras.  Viaja en su propio tren a todos los lugares que visita: “Voy por la ruta pero siempre despacio, a 25 por hora y cuidándolo. Nunca tuve problema, me paró la policía mil veces, pero siempre todo bien”, confesó el maquinista.

El recorrido que está haciendo actualmente comenzó en octubre del año pasado. “Estuve en Cañuelas, Las Heras, Capitán Sarmiento, alrededor de una semana o 10 días en cada ciudad”, afirmó Suarez y explicó que su estadía depende de los pasajeros que concurran.

“La gallina turuleca tiene aceptación, a los chicos les gusta” comentó  José con alegría y agregó: “El trencito es mi vida, así que siempre voy a andar en él”.

Antes de despedirnos José me recordó los días en que yo misma era una pasajera de poca estatura. “Siempre te traía tu mamá, y como llorabas cuando terminaba el recorrido, te tenía que dar unas cuantas vueltas más”, y sin saberlo provocó un sinfín de recuerdos que aún conservo en mi memoria. Pero claro, ¿qué niño no querría girar y girar por el pueblo en un juguete musical a gran escala?

 

 

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